Gente sin la cual no se puede vivir y hay que dejar ir…

Ya lo hice. Dejé ir y esta vez, dejé que se vaya para siempre… para que nunca más volviera… Ahora que siempre ha terminado… me muero por volver con ellas. Me muero por un beso…

Me muero por servir, por construir y por hacer sueños realidad. Me encantaría demostrar que las personas mejoran. Que no cambiamos la esencia de quienes somos sino que alcanzamos ese ansiado potencial con el que nacemos y se va erosionando y echando a perder. Alguien nos enseña a fallarles, nos impiden conocerlos y nos sacan de los rieles que nos llevan al destino de la vida. La vida se comporta con excelencia, en forma extraordinaria y no es diferenete para nadie. Y nos paga bien por ser nosotros mismos. ¡Nos paga y paga bien! Quita escombros, saca residuos, tira las rocas del camino… borra y borra y borra los daños que dejaron el miedo, la culpa, el dolor… confronta a los arrogantes y soberbios y consistentemente los aplasta. Empezando por tu rimbombante ego y el mío… La cristiandad le llama “carne”. Su desprecio por tí mismo y todo lo valioso que eres… lo que TE SEPARA DE LOS QUE AMAS Y HIERES Y NO QUIERES HERIR… PORQUE LOS ESTÁS AMANDO CON LA PERSONA QUE ERES Y QUE FUE CONTAMINADA DE ENFERMEDADES INTERNAS EN LO PROFUNDO DE TÍ… Y eso nace de que la “ego-carne” lleva heroicamente hasta las últimas consecuencias las malas lecciones erradas y equivocadas que nos dejan los padres, los profesores abusivos, los reglamentos ridículos que están instaladas por ahí por algún bravucón al mando, las reglas estúpidas que camarillas y pandillas (todos los grupos irregulares reaccionarios discriminan correctamente lo que tienen de malo los reglamentos pero usan esa información abusiva para sus propios abusivos fines…). Todo  lo bueno del hogar ha sido retirado para un fin más bajo.

Los abusivos sufren de terror. Por eso quieren meternos miedo. Cargan culpas impagables. Por eso nos culpan a todos. Sufren de dolores indecibles. Por eso no se satisfacen con el dolor ajeno y nos horrorizan con sus acciones sin el menor remordimiento. Nos preguntamos porqué no se arrepienten… ¿porqué lo harían? Nosotros no estuvimos ahí cuando en el secreto de un espacio supuestamente protegido fueron vejados, abusados, masacrados… y quienes tenían cómo hacer algo… volcaron sus rostros y se hicieron de la vista gorda… ustedes y yo lo hacemos todos los días. Y algún irredento adulto le está diciendo a algún hoy irreverente y mañana inescrupuloso jovencito… “No te metas… no es asunto tuyo…”

Yo hice mal. Muy mal. Herí, me asusté… me culpé… yo también arrastré dolor. El proceso: Veo cómo es que causo dolor, culpo y me aterro y me hago consciente… De todo. Dentro de mí charlo conmigo y resuelvo. Y ese es el tiempo en que… la gente que amo y sin la cual no puedo vivir… tuve que dejarla ir…

Dichosos los hombres a quienes Dios les da regalar dichosamente lo que realmente es valioso y vale, les da entregarse y recibir de vuelta… recuperar lo perdido y volver a empezar. Restituir, reponer, restaurar, recomponer, regenerar… volver a empezar.

Ahí es donde es perfecto decir “te amo”.

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